CONCLUSIONES


Desde sus inicios, la intención de este trabajo fue la de clasificar, analizar y sustraer, la mayor información posible sobre la degradación en potencia o alteraciones que padecen las obras de arte compuestas por material orgánico. El por qué, radica en la dificultad que supone la conservación y la exposición de este tipo de material.

Un fenómeno ya conocido que hemos podido constatar es cuán decisivo ha resultado a corto plazo para las obras, en lo que a su estado de conservación y posibles alteraciones se refiere, el hecho de estar aisladas del exterior. Para ilustrar este fenómeno comparemos tres de las piezas que han sido analizadas en este trabajo:

  1. Por un lado tenemos la obra de Marcel Broodthaers, compuesta por vidrio, cuerda y tela fotográfica (1967) y la de Pere Noguera, compuesta por plexiglass, polipropileno y papel fotocopiado sobre madera (1975).

  2. Por el otro la de Dieter Roth, compuesta por pastillas de chocolate Lindt y papel mecanografiado (1970) y la de Antoni Llena, compuesta por papel sobre contraplacado pintado de color blanco (1981).

Las piezas del grupo 1, desde su creación y debido a la concepción inicial que llevó a cabo el artista, incluyen como sistema de presentación un elemento barrera (cristal o plexiglass); ésto, en contraposición con las del grupo 2, ha puesto de manifiesto que los elementos (contenido) que se encuentran preservados de la acumulación de polvo, agentes atmosféricos,..., no se encuentran tan alterados como los materiales que componen las obras del grupo 2 (obras que en sus inicios no poseían la actual campana de metacrilato). Una alteración, que se ha derivado no sólo de los agentes mediambientales que envuelven la obra, sino también de los continuos cambios de iluminación y consecuentes cambios de temperatura.

Así pues, la "luz" (tanto si es natural como artificial), como ya suponíamos y se ha corroborado, es uno de los principales agentes de deteriorización de las obras que constituyen nuestras Colecciones.

Por otro lado, y a pesar de que a lo largo de todo el trabajo pensamos que ya ha quedado patente, desgraciadamente no siempre podemos establecer con total libertad los mínimos y máximos de iluminación tolerada. La intervención del propio artista en el montaje de su exposición dificulta, en gran medida, el mantener cantidades de luz aceptables para la conservación de las obras, pues a menudo las considera insuficientes. Así mismo, la juventud de éstas obras, hace que la actitud de numerosos profesionales frente al Arte Contemporáneo no sea la misma que frente al Arte Antiguo o Moderno.

Pero recordemos que, tras haber analizado las piezas expuestas más arriba, observamos que la delicadeza o sensibilidad de las obras no está en su edad, sino en los materiales que las constituye.

"Una conservación preventiva aplicada a tiempo siempre evitará una intervención directa sobre las obras".